jueves, 22 de marzo de 2018

Cuento: PERDIDOS EN EL ZOO





El día se despertaba alegre y el sol miraba desde las alturas a Rock, que corría en círculo por el jardín de la casa. Hoy era el gran día en el que sus dueños, Cris y Nacho llevarían a las niñas al zoo, y los acompañaría. Rock no paraba de dar vueltas sobre sí mismo y corría hacia la ventana de las niñas para llamarlas con pequeños ladridos. Lydia era la primera en levantarse para abrir la ventana y darle caricias a Rock. El aire fresco despertaba a María que risueña llamaba a Rock para que entrara por la ventana. Lydia lo ayudaba hasta que entraba su mamá que las reñía por dejarlo subirse a la cama. María abrazaba a su madre sonriente y haciéndole caritas la regañina desaparecía. Lydia llamaba a su padre que con cara seria sacaba a Rock de la habitación y las pedía que fueran a desayunar si querían ir al zoo.

Camino de la cocina Lydia le decía a su mamá todo lo que tenía que estudiar para el examen, pero asegurándola que aprobaría con buena nota. Su responsabilidad la hacia parecer mayor de once años. No así su hermana pequeña que con seis no dejaba de jugar y ver los dibujos animados. Sonreía ante las adversidades sacando el lado bueno de todo el que se le acercaba. No tenía exámenes, pero advirtió muy pronto su madre, su facilidad para los idiomas cuando escuchaba canciones. No se le escaba nada de su entorno y todo lo admiraba con sentimiento. Rock, un pastor alemán de colores marrones y negro, era su adoración, su compañero fiel de juegos. Rock era hijo de perros policías al que adiestraba José, un amigo de la familia y al que invitaron para que los acompañasen con sus hijos a pasar el día en el zoo. Ismael y Julio amantes también de los animales, no dudaron en suplicar a su padre que aceptara la invitación. El día se presentaba tranquilo.

Estaban llegando al zoo, que miraba a los Picos de Europa, rodeado de verdes valles. Aparcaban debajo de un árbol, al que llaman arce, donde la sombra protegería a Rock del sol mientras ellos estaban en el zoo. Rock lloraba viendo cómo se alejaban dejándolo solo. Delante iba Isma jugando con la consola y a su lado, su hermano Julio incordiándole. Lydia no perdía detalle de los dos hermanos y María se enfadaba con su madre porque no dejaban a Rock en el coche. Después de un buen rato en el zoo, los niños entre risas y juegos se iban alejando de sus padres sin darse cuenta. Al cabo de un rato, ya fuera del alcance de los mayores, Ismael se percató de que no estaban. Los adultos habían cogido otro camino distinto al de ellos. Tembloroso y casi tartamudeando, dio el aviso a Lydia con la mirada. Al percatarse de lo que pasaba, Lydia tranquilizó al grupo convenciéndoles de que ya los estaban buscando. Pensaban que estaban retrocediendo sobre sus pasos sobre sus pasos e ir donde los habían visto por última vez, pero se iban adentrando en el bosque que bordeaba al zoo y donde los animales salvajes andaban sueltos. Julio dejó de jugar con la consola y María reía porque estaba segura de que Rock los encontraría. Comenzó a llamarlo todo lo alto que pudo, Julio al verla tan animada, unió su voz a la de ella y con ellos Isma y Lydia, desde una ladera empinada, cubierta por una arboleda que apenas dejaba ver el cielo. Las majestuosas montañas se extrañaban de verlos por allí, donde los urogallos se tapaban para no oírlos, y el azor alzaba el vuelo para correr la voz. “Cuatro cachorros humanos, están perdidos” La noticia corrió entre los animalitos que por allí vivían hasta llegar a oídos de los duendes, que salieron a buscarlos.

Cris cerró el móvil, y sin mirar a su alrededor, y llamó a Lydia. Al ver que no la contestaba se volvió. Su cara, por primera vez en su vida, era pálida, los colores querían asomar, pero el nerviosismo los paralizaba, las manos al igual que los pies, le temblaban. Nunca sintió tanto miedo, como en aquel mismo momento. Los niños no estaban. Los llamó con la voz desgarrada alarmando a Nacho y José. No podían creerlo, no hacía ni dos minutos que estaban junto a ellos, perdiéndoles de vista por mirar el mapa del zoo. José, sugirió ir a la enterada y que los anunciaran por megafonía, por si algún adulto los encontraba.  

En las entrañas del bosque, los animalitos seguían corriendo la voz hasta que llegó a oídos del oso Güili, que los mandó callar, no se fueran a enterar los hambrientos lobos. Ordenó a los animalitos que los protegieran y que lo avisaran si pasaban por aquella zona. Al poco tiempo, los niños se paraban delante de Güili, al que despertaron con sus ruidos. Abrió los ojos y con gesto malhumorado los miró cortándoles el paso. Los niños estaban asustados.

¾    ¡Atrás Lydia! Los osos son peligrosos y este tiene cara de mala leche.

¾    ¡Ya lo sé, Isma! ¿tú sabes si los osos son carnívoros?

¾    No lo sé, pero mejor no lo comprobamos. Vámonos despacio

El oso Güili vio acercarse a los duendes Oriamendi y Alonso, a los que les hizo seña de que estaban allí. Los duendecillos, tenían órdenes de llevarlos hasta la maga Juaca, para poder comunicarse con ellos. Los duendes, al llegar hasta ellos, los saludaron y mediante señas e indicándoles que los siguieran. Todos estaban nerviosos menos María, que seguía creyendo que Rock los encontraría. Caminaban en fila, Oriamendi iban delante seguido por Lydia y cerrando el grupo Isma y Alonso. María quería acariciar a todos los animalitos que veía, no así Julio que desconfiaba de ellos mientras que a Lydia y a Isma solo les preocupaba volver a casa. Alonso, al ver el ímpetu de María por acariciar a todos los animalitos, indicaba a Lydia que la sujetara por si algún animal la llevara hasta los lobos hambrientos, aunque ya temía que estaban enterados de su estancia.

Las aves llevaban por todas partes la noticia llegando hasta oídos de Rock que tenía la ventanilla un poco bajada. Afinó el oído, y oír dos hembras y dos machos, se apresuró a bajarla del todo. Saltó por ella para meterse en el zoo y emprender su búsqueda, encontrando primero a Cris, a la que ladrando llamó su atención. Cris, nerviosa y con los ojos llorosos, aun sabiendo que Rock no podía estar allí vio una esperanza de encontrarlos. Lo besó y lo alentó para que los buscara. Rock corrió tanto como pudo, para adentrarse por donde Cris le señalaba. Por el camino Rock preguntaba todo animalito que pudiera darle noticias de por dónde se encontraban. Olía cada árbol, cada arbusto en busca de pistas que lo condujeran hasta ellos. Su olfato no detectaba nada humano hasta que ya casi dado por vencido, tropezó con un troco que olía a María. Siguió ese rastro llevándolo hasta el oso Güili.

¾    ¡Hola, señor oso! ¿Vio pasar por aquí a cuatro cachorros humanos?

¾    ¡Eh mirar! Tenemos un perrito señorito en busca de sus amos. No recuerdo, déjame pensar. No, no recuerdo, así que déjame dormir si no buscas pelea.

Una ardilla que lo escuchó se apresuró a decirle que estaba con los duendes del bosque, pero no sabía por dónde andaban. Un castor, interrumpió la conversación de la ardilla con Rock.

¾    Cachorro, los cachorritos humanos están con los duendes y con la maga Juaca. Debes de cruzar esas montañas.

¾    ¡Uf…! Gracias señor castor. Gracias señora ardilla.

La arboleda no dejaba a los rayos solares alumbrar el camino, que con el rocío de las ramas lo hacían resbaladizo. Rock corría veloz hasta la falda de la montaña cuando lo vio un rebeco. El Rebeco lo observaba y veía que su juventud le impedía pensar con la cabeza, por lo que llamó a su amigo el Zorro.

¾    ¿Me llamabas, viejo?

¾    Sí, Zorro. Mira ese cachorro de perro, creo que busca a los cachorros humanos y está con los duendes y la maga. Ve con él por los pasadizos, que yo subiré por la montaña para ver si a la salida hay peligro. Si me ves en ella, es que podéis salir y si no estoy, correr o no salir.

¾    ¡Déjalo viejo! Yo subiré a la montaña. Se reirán un rato sino lo consigue.

¾    No se reirán de mí. Las subiré.

El Zorro saludó con guasa a Rock cortándole el paso.

¾    ¿A dónde vas cachorrito? Estos parajes son peligrosos para ti.

¾    Yo no soy cachorrito ya tengo un año humano y mis patas son fuertes y mis dientes también. Si quieres pelea aquí me tienes.

¾    Dejarlo ya. Zorro, ayuda al cachorro, los lobos se acercan.

¾    Esperarme, yo también voy con vosotros.

¾    ¿Tú? ¡Pero si eres un cobarde! Cuando ves a la maga te meas todo.

¾    Un Gato Montés, jamás se acobarda ante una maga.

¾    ¡Está bien!, Gato. Vente con nosotros.

Al lado de un árbol, había ramas cuidadosamente puestas junto con troncos que formaban un círculo. Con sumo cuidado, el Zorro ayudado por el gato, las apartaban para entrar en el pasadizo secreto del bosque. El topo que allí habitaba salía a recibirlos y sabedor ya de lo que pasaba y los invitaba a entrar en lo que consideraba su casa, una galería perfectamente diseñada para cruzar la montaña por sus entrañas. Más de dos horas tardaron en asomar al otro extremo por galerías desniveladas y resbaladizas. Rock, que todavía no tenía la suficiente fuerza en sus patas, llevaba la lengua fuera por el esfuerzo que empleaba en mantener el equilibrio, provocando las risas del Zorro, viendo cómo Rock se creía adulto y valiente, siendo un ingenuo del peligro que los acechaba. Los lobos se agrupaban.

La maga Juaca terminaba su pócima azucarada para los niños. La primera en probarla fue Lydia, seguida por Julio, por Isma y a regañadientes María. No pasó mucho tiempo, cuando ya entendían a Oriamendi como le preguntaba a Alonso, que hacían con ellos. No podían llevarlos al zoo porque sería muy peligroso para ellos. Ningún humano adulto debía saber de su existencia. Ismael se apresuró a cortarles la conversación

¾    Pero nosotros debemos de ir al zoo. Nos estarán buscando.

¾    ¡Entenderlo, por favor! Nosotros no podemos acercarnos al zoológico o los humanos adultos nos llevaría a laboratorios para analizarnos y nos matarían. Todo lo que podemos hacer por vosotros es cuidaros hasta que vengan al bosque a buscaros, entonces nosotros nos esconderemos y estaréis a salvo. Pero aquí no podemos pasar la noche, así que tendremos que seguir por las montañas.

¾    Nosotros ya sabemos que existís y seremos adultos y os recordaremos. ¡Además! No podemos alejarnos mucho del zoo o no nos encontrarán

¾    Confiar en nosotros. Venir Isma y tú, que los pequeños no nos oigan. Los lobos están hambrientos y andan cerca y si nos quedamos aquí, nos encontrarán ellos antes que vuestros padres. Y otra cosa, cuando seáis adultos, solo recordaréis que os perdisteis en el zoo y qué os encontraron.

Emprendieron la marcha, esta vez Ismael iba por delante de los pequeños cerrando Lydia, que controlaba que no se apartaran de la fila. La caminata fue larga, pero al salir de la montaña vieron un oso, el hermano de Güili, el primer oso que se habían encontrado.

¾    ¡Hola, amigos! Soy hermano de Güili. Os acompañaré.

Los subió sobre sus lomos atravesando la montaña por galerías relativamente grandes para la cabida de un oso a cuatro patas, que los tejones del bosque habían construido en un día. Los duendes se pusieron en el cuello del oso y la maga iba sobre su barita y de paso iluminaba las galerías tejoneras.

Los niños aventajaban a Rock en dos horas de camino. La preocupación de María era saber si Rock los encontraría.

¾    No creo. Estaba en el coche, así que no puede saberlo. Estate tranquila que de lo que si estoy segura es que mamá y papá nos encontrarán. Hoy ya no, pero mañana ya estaremos en casa, y nos reiremos.

¾    Isma, tengo frio y hambre

¾    Ya lo sé Julio, yo también tengo hambre. Preguntare a los duendes si podemos comer algo. Toma mi chaqueta, yo no tengo frio.

¾    Tener paciencia. Llegaremos enseguida a la salida y hay un rio. Pescaré para vosotros -contestó el Oso al oírlos.

¾    A mí no me gusta el pescado -respondió Julio.

¾    Si tienes hambre los comerás -replicó el Oso.

Llegaban a la salida de la montaña cuando la noche se echaba encima. Los búhos, las liebres y los tejones asomaban intrigados por lo que habían oído de los humanos. El Oso, dio un gruñido que atemorizó a todo el que se acercaba para irse tranquilo al rio dejando a los duendes el cuidado de los niños. Para entretenerlos, los duendes, enseñaban a los niños a encender el fuego. María se aburría y no dejaba de llamar en silencio a Rock.

Rock, estaba muy enfadado consigo mismo por no alcanzarles debido a sus jóvenes patas, hasta que vio una luz que entraba en la montaña. Asomaba el topo dando el aviso a su primo para que continuara guiándolos por la nueva montaña. El Rebeco, desde la cima vigilaba a los lobos que se estaban aproximando, cuando oyó el vuelo de un águila que se le acercaba.

¾    Los humanos están a dos montañas contando esta. Si quieres les aviso de que os esperen.

¾    Te lo agradezco, águila. Avísales y diles que nos esperen si pueden, y que se pongan a recaudo. Los lobos se están acercando.

El águila se fue hasta el Oso a contarle lo que había hablado con el Rebeco y para que informara a los duendes.

¾    Vienen refuerzos para ayudaros, y también viene el cachorro canino que tienen los humanitos. Tenemos que esperarlos escondidos, están saliendo de aquella montaña y los lobos les siguen los talones.

¾    ¡Niños! -Alonso los reunía a todos ¿Tenéis un perro?

¾    Sí -contestaba Lydia.

¾    Se llama Rock, y es un pastor alemán -contestó María.

¾    Pues os está buscando, anda por aquella montaña. Si queréis lo esperamos y de paso descansamos un poco. El cachorro será avisado de que estáis aquí.

¾    ¿Y porque no vamos nosotros hasta él? El zoo está más cerca.

¾    Ismael, ya hablamos de lo peligroso que es para nosotros y solos con el perrito seréis presas fáciles para los lobos. Ya encontraremos una solución para llevaros junto a vuestros padres. Tener paciencia.

¾    El Oso ya viene con cuatro peces, atizar el fuego para la cena.

Pasaron cuatro horas hasta que Rock y sus nuevos amigos, llegaron hasta ellos. Los duendes mantenían el fuego vivo que los calentaba y ayudaba a cocinar el pescado para satisfacción de sus estómagos que ya no protestaban. Hasta Julio, que no le gustaba, repitió cena. Los duendes les enseñaban canciones del bosque y los niños adivinanzas. Mientras que el Oso vigilaba con un ojo abierto y otro cerrado, cuando vio llegar a los refuerzos. Rock quería ladrar de alegría, pero sabía que de ninguna manera podía hacerlo. Sería dar pistas innecesarias a los lobos de la posición que tenían. Llegaban a la cueva silenciosamente, siendo Lydia la primera en verlos. Se levantó y gritando su nombre fue hasta él corriendo, Rock se apresuró para que Lydia no saliera de la cueva y dejara de gritar. Los duendes, que estaban de espalda a la entrada, no los habían visto y lamentaron no haber podido evitar los gritos que, junto a Lydia, el resto de los niños hicieron. Se miraban unos a otros a expensas de los niños que seguían acariciando y besando a Rock. Temían lo peor, los lobos ya sabían su posición. El Rebeco hizo seña a los duendes y a la maga para que salieran de la cueva. El Oso escuchaba tumbado.

¾    Amigos tiene razón el Rebeco, es mejor apagar el fuego y marchar de aquí lo antes posible. Oriamendi, Alonso habrá que borrar todas las huellas.

¾    Mi hermano viene de camino con unos primos y algunos asturcones.

¾    Oso, agradecemos toda la ayuda posible, pero si somos realistas, llegarán demasiado tarde. Los lobos les llevan una gran ventaja.

¾    Entonces ya está decidido, limpiaremos la cueva y partiremos.

¾     Oso pienso que iríamos más rápido si tú llevas a los humanos hasta donde puedas. Yo iré por las montañas y os esperaré a la salida de ellas. Si no estoy cuando salgáis, correr o esconderos, será la señal de que yo estaré muerto y los lobos andan cerca.

¾    Yo lo siento, pero debo despedirme de vosotros. Otros seres del bosque necesitan de mis pócimas para curarse. El águila, me avisará si estáis en peligro. Ahora los tejos serán vuestros guías por las tejoneras de las montañas. ¡Y tu gato montés!, como hagas alguna de las tuyas, volveré y te convertiré en rata para que les sirvas de alimento a los tuyos. Protege a los niños.

El Gato Montés se ponía de puntillas sobre las cuatro patas, los ojos se desorbitaban, el pelaje se levantaba hasta que los sentidos se sosegaron para salir corriendo y esconderse detrás del Zorro, para risas de todos menos de Rock que había escuchado a los duendes y al rebeco. Los lobos sabían su posición y solo era cuestión de tiempo que los alcanzaron. Apartó del grupo al Zorro y le contó su idea con la esperanza de que lo ayudara.

¾    ¿Te has vuelto loco? ¡Insensato! Nos ganan en número y son más fuertes. Olvídalo

El Gato Montés que escuchaba al Zorro preguntó de qué hablaban. Rock le contó al Gato su idea, contestándole el Gato lo mismo que el Zorro. Rock comenzó a dar vueltas por la cueva mirando a los niños. No tardando mucho, Rock salió de la cueva volviendo por donde habían venido. El Zorro que estaba pendiente de él, avisó al Rebeco de los planes de Rock. El Rebeco meneaba la cabeza desaprobando lo que Rock había hecho, pero ahora alguien debía de ayudarlo. Así que sin perder tiempo se fue hasta el Oso.

Rock bajaba una ladera cuando vio la manada de lobos aullando en señal de victoria, las presas, pronto caerían en sus garras. Los lobos, cercaban Rock dirigidos por el más fuerte, que les contaba: “Los cachorros humanos no deben de estar muy lejos” Rock, sabía que estaba en desventaja, eran demasiados para un perro tan joven e incluso para un perro veterano. Se enfadaba consigo mismo: “Piensa, piensa” No terminaba de decir la frase cuando aparecían a su lado el Zorro y el Gato Montés guiñándole un ojo. Ya eran tres en desventaja.

Fuera de la cabaña el Rebeco hablaba con los duendes y el Oso.

¾    El cachorro es valiente. Oso te pongo al mando e iré a ayudarles. EL Zorro y el Gato ya salieron. Oriamendi, Alonso y yo tenemos un plan para poder salir de esta. Oriamendi fue a hablar con los tejones para que junto con los topos hagan una fosa, lo suficientemente grande como para que caiga los lobos.

¾    Rebeco, los lobos no son tontos y verán la fosa.

¾    Amigo Oso, está todo previsto, ¿verdad Alonso? Subiré a la cima y hablaré con el azor para pedirle ayuda. La idea es que las aves tapen la fosa con ramas y hojas, de tal forma, que no se note. Hacen los nidos perfectos así que pueden hacerlo.

¾    Rebeco el plan está muy bien si nos ayudan, pero no deja de ser muy peligroso. El Oso no podrá con todos y alguien no volverá.

¾    Alonso lo sé. Pero si todos quedamos aquí, ninguno volverá con vida. El perro está demostrando que es el más valiente y tiene razón, alguien tiene que alejarlos de nosotros, aun sabiendo, que no van a volver. El perro igual piensa que sí, pero el Zorro y el Gato saben que alguno o ninguno volverá, y, aun así, fueron en su ayuda y en la nuestra. Como dicen los humanos, la suerte está echada. Voy con ellos.

¾    Un momento Rebeco. ¿Dónde será la fosa? Lo digo porque viendo los que son, tiene que ser grande y lo más cercano es debajo de aquella montaña, donde pastáis los rebecos.

¾    No puedo hacerles eso a mi familia.

¾    Si quieres salvarnos debes hacerlo. Es el único lugar y siempre lo puede arreglar la maga Juaca. Puede dejarlo como está ahora.

El Rebeco habló con el azor, levantando éste el vuelo, antes de que el Rebeco terminara. No había tiempo que perder. El azor bajaba hasta el Oso para que le indicara el lugar exacto y pasar la información a todos los animalitos del bosque que los quisieran ayudar. Casi todos se unieron menos las ratas que tenían demasiado miedo a los lobos como para traicionarlos. Las aves susurraban al oído todo lo que planeaban y los topos se unieron a los tejos para cavar la fosa sumándose las águilas, de dos en dos, para llevar las ramas más largas que sirvieran de base. El azor era el encargado de dirigir la obra al lado de un águila que ponía orden.

El Rebeco llegaba a la altura de Rock con una sonrisa de complicidad e indicándoles a los tres que corrieran montaña arriba hasta una altura prudencial, para luego bajarla casi volando y de esa manera romper el cerco de los lobos. En la bajada, el Gato se quedó enganchado en una rama, cosa que aprovecharon los lobos para capturarlo. El Zorro tiraba de Rock, ya nada podían hacer por él. Corrían cuando la familia del Rebeco aparecía para hacer juntos la estampida. Los rebecos, arropaban a Rock y al Zorro, corriendo sin mirar atrás. Los lobos daban alcance a los rebecos rezagados aullando su victoria dejando que el resto de la manada siguieran persiguiendo a los demás rebecos que los llevaban hasta la fosa de la explanada. El águila daba el aviso de la llegaba. Todos los animalitos se escondían dónde podía. sin levantar sospecha de la trampa preparada. Los rebecos, Rock y el Zorro al acercarse dieron un brusco giro rodeando la fosa sin que los lobos se dieran cuenta de la trampa. Los lobos caían en ella, aullando de rabia. El Rebeco y el Zorro, miraban a Rock que estaba herido al pelear con dos lobos que acosaban a un chivo. El Rebeco le daba las gracias, por salvar a su hijo. Rock no las aceptó, sino que se las dio él a los dos, y a todos los animalitos del bosque. Gran parte de la manada estaba en la fosa, pero seguían sin aparecer los niños, los duendes y el Oso. El azor bajaba hasta ellos para avisarles: “Unos cuantos lobos están rodeando la cueva y el Oso os está llamado. No sabe si podrá aguantar mucho.” Todos se pusieron en camino para otra estampida, cuando aparecía Güili, con unos cuantos osos y asturcones, es su ayuda. Éstos, relevarían a los rebecos en la segunda estampida desde la cueva para salvar a los niños. Los asturcones, nobles caballos de patas cortas y fuertes, que eran más rápidos, llegaron con bastante ventaja, para aliento del Oso y de los duendes. Los niños estaban paralizados, Lydia miraba a todos lados cuando vio a Juaca, la maga, y avisó de su llegada, llamando la atención de los lobos, que volvían la cabeza para verla y comprobar que llegaban los asturcones. Juaca con su barita, hizo que los osos corrieran más deprisa y llegaran a tiempo, cosa que hicieron rugiendo, dando aviso de su llegada. Los lobos al oírlos se miraban unos a otros, y dos que habían entrado en la cueva, a los que, los duendes, Isma y Lydia se enfrentaban con palos y fuego, se aterrorizaron, y metieron el rabo entre las patas, salieron para unirse a la manada. Los lobos bajaban la montaña lo más rápido posible para caer delante de los osos, que de zarpazos los elevaban por los aires, lejos de ellos. Los que podían huían despavoridos, para felicidad de los niños que aplaudían la victoria de los suyos. Rock ladraba subido a lomos de un asturcón, ayudándolo Lydia y el Oso a desmontar. Lo abrazaban, lo besaban y les daba las gracias por su valentía, que les había salvado la vida. Los duendes buscaban al resto de los que habían partido, pero solo el Rebeco y Rock volvieron con vida. El Zorro se enfrentaba a los últimos tres lobos que cercaban la cueva, que, al oler la sangre de su amigo, lo atacaban. Rock, al verlo malherido y en las garras de los lobos, lloraba y a gritos le daba las gracias. Al Zorro le dio tiempo a decirle.

¾    Sálvate y ve con ellos. Diles a los humanos que los zorros no somos tan malos, solo somos inteligente para no pasar hambre. Que ningún animal del bosque, ni tan siquiera los lobos, matan por el placer de matar sino por la necesidad de comer ¡Corre amigo!

Rock se acordaba de lo que le había dicho su amigo, el Zorro, y habló con la maga para que lo que les iba a decir no lo olvidaran, como el resto de la aventura. Juaca lo tranquilizó: “Así se hará. Tú les dirás, lo que no quieres que olviden, mientras tomaran la pócima”. Terminó de elaborar la pócima y se la dio a los duendes para que la tomaran antes de que volvieran al zoo.

Los asturcones, se echaban para que los niños montaran sobre sus lomos y llevarlos cerca del zoo. Por el camino los animales les iban enseñando silbidos que ellos hacían y los sitios más bonitos, a los que no había llegado el hombre. Todos les contaban sus miedos cuando aparecían por el bosque los humanos y con ruidos, los mataban sin mirar si eran cachorros o adultos. Los niños lloraban y les pedían perdón por la crueldad con la que los trataban. Ellos usan sus terrenos, pero el hombre es ambicioso y también quiere los de ellos.

Llegaban donde ya se oían voces humanas, Güili los paraba.

¾    ¡Hasta aquí! Amigos humanos, amigo perro, ahora tenéis que ir a pie. Humanos no correr mucho, el perro se desangrará si lo hacéis. Darme un abrazo y espero que cuando seáis adultos no vengáis con cosas ruidosa que nos matan. Espero volver a veros.

Los niños parecían leerse los pensamientos, y todos a la vez.

¾    Volveremos, pero no a cazar sino a decir que somos vuestros amigos. Gracias amigos. ¡Hasta pronto!

Todos se abrazaban a los niños, los duendes lloraban de tristeza se habían encariñado con ellos, en especial con los pequeños. Todos se despidieron hasta el azor y el águila que bajaron para abrazarlos con las alas. Los duendes le decían a Rock que se pusiera con ellos, para que les fuera diciendo lo que no debían de olvidar, mientras les daban la pócima del olvido, de la maga Juaca. Todos tomaron la pócima con sabor a fresa, sin rechistar.

Se alejaban los niños entre lágrimas, y Rock con el dolor de la herida y el nudo en la garganta por los amigos que había perdido. Rock no olvidaría la aventura, pero ya no podría hablar con ellos como en el bosque y eso también lo entristecía, aunque se haría entender como antes de perderse en el zoo. Se acordaba de todos y en especial del Zorro, que, a pesar, que la primera vez que se vieron se pelearon, dio su vida por él. Los niños iban despacio hasta que Isma se acordó que en las películas llevaban a los heridos en camas. Unieron las chaquetas y en ella pusieron a Rock llevándolo Lydia delante e Isma detrás con María y Julio sujetándolas por los lados, cuando una pareja de la Guardia Civil oyó a los niños a los que respondieron y pidieron que siguieran hablando hasta llegar a ellos. Al llegar, examinaron a los niños en busca de posibles heridas. Los niños solo tenían pequeños rasguños de algunas ramas, pero su sorpresa fue al mirar a Rock, no daban crédito la guardia civil, sobre todo el de más edad, que por su experiencia sabía que eran mordeduras de lobos. Miraban a Rock y miraban a los niños.

¾    No puede ser. Ahora creo en los milagros… ¿Cómo es posible que los niños solo tengan pequeños rasguños y el perro esas heridas?

¾    No lo sé, pero están vivos. Y el perro también.

Los agentes abrieron una manta y en ella pusieron a Rock para llevarlo entre los dos. A los niños ya les flaqueaba las piernas, los pequeños estiraban los brazos para que los grandes los llevaran.

Nacho y José salían cuando oyeron al guarda del bosque hablar con la guardia civil. “Los encontraron. Están bien”.  Cris caía sentada con las manos tapándose los ojos. Nacho y José se abrazaban como diciendo “¡Ya te lo dije!” Miraron a Cris que seguía en su mar de lágrimas y fueron a abrazarla. Hasta que vieron al veterinario que llegaba a la cabaña. José supo que Rock venia herido, la tensión volvía a ellos. Nacho cogía la mano a Cris.

Llegaban a la cabaña, los agentes con los niños y Rock. Todos corrían a abrazarse y besarse. Cuando Cris vio a Rock con las heridas tapadas, preguntó si los niños también estaban heridos. Todos dijeron lo mismo. “Rock nos salvó. Es nuestro héroe” El veterinario se hacía cargo de él, echando a todos de la cabaña excepto los agentes, para que lo ayudaran.  “Es una roca, pueden estar tranquilos”, les dijo a todos mirando a Rock. Lo curó y recomendó que cuando llegaran a casa lo llevaran a su veterinario para que siguiera con las curas. Se pondría bien, solo le quedarían dos cicatrices.

Con todos dispuestos para volver a casa, los niños echaban la última mirada al zoo, del que apenas recordaban nada. Rock dio un ladrido todo lo fuerte que pudo para despedirse de sus amigos, al cabo de unos segundos, asomaron el águila y el azor que volaban sobre ellos y se oyeron a los osos rugir, a los rebecos berrear, a los zorros aullar y a los gatos maullar. Rock, sonrió desde la ventanilla, volviéndoles a dar las gracias.

FIN

 

 

 

 

 
 
 

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